Talvez nunca hayas escuchado el nombre de Julian Gough, pero estoy seguro de que identificas perfectamente el videojuego Minecraft.
Para muchos, el universo de Minecraft es un espacio de creatividad infinita. Pero para aquellos que llegan a su conclusión, después de derrotar al “Ender Dragón”, les espera una sorpresa: un poema de nueve minutos sorprendentemente conmovedor, un bello poema filosófico que ha sido elogiado por su profundidad y su tono esperanzador, habla de renacimiento, de los sueños, de la naturaleza metafísica entre las cosas y de la conexión con el universo y su significado final ligado al propósito de la existencia, específicamente de “tú existencia”, convirtiéndose en una parte icónica de la experiencia de Minecraft para millones de jugadores.
Julian Gough escritor irlandés autor de esta pieza, ha decidido poner su obra en el dominio público. La razón, según él, fue una revelación que tuvo tras una experiencia con hongos psilocybe. “No había tomado psicodélicos en décadas y sentí que era hora de un reset de la mediana edad”, relató Gough.
La historia detrás del poema: magia, amistad y la inspiración de un universo
La colaboración inició en 2011 cuando Markus «Notch» Persson, el creador de Minecraft se puso en contacto con Gough, cuyo trabajo admiraba, para que escribiera un final narrativo para el juego, Persson le dio a Gough total libertad creativa para el texto, lo que llevó a que naciera una amistad entre ambos. Cuando Gough se sentó a escribir, describió una experiencia casi trascendental: “Lo escribí a mano y, mientras lo hacía, a veces mi muñeca se aceleraba y veía las palabras simplemente aparecer en la página frente a mí, sin que mi mente consciente tuviera idea de cuál sería la próxima palabra”. Y añadió: “Entonces, el universo (o mi inconsciente, o Thalia, o el fantasma de Philip K. Dick) dictó el final, lo pulí un poco y se lo entregué a Markus,”.
A Persson le encantó el resultado y lo integró en el juego sin cambiar una sola palabra. Aunque se le enviaron 20,000 euros, Gough se negó a firmar el contrato que le presentaron donde cedía todos los derechos sobre la obra. Su razonamiento fue simple: “Les dejé usar la historia, aunque no había contrato, porque me gustaba Markus y me gustaba el hecho de que mucha gente estuviera leyendo la historia,”. Para él, el alcance de su obra era un privilegio. “Muchos millones jugaron Minecraft. Fue un tremendo privilegio poder llegar a una audiencia tan grande con mis palabras”.

La herida invisible detrás del poema: Cuando los contratos rompieron algo más que papeles
El conflicto surgió en 2014, cuando Mojang, la empresa de Persson, estaba a punto de vender Minecraft a Microsoft, con la venta inminente, la empresa le pidió de nuevo que firmara, pero se negó una vez más. El juego se vendió por 2.4 mil millones de dólares de todos modos y Microsoft continuó usando el poema.
Esta falta de un acuerdo firmado le permitió en diciembre de 2022 tomar la decisión de liberar su poema, cediéndolo los derechos del poema sin mayores complicaciones al dominio público como un acto de amor hacia la humanidad. Sin embargo, el trasfondo de esta decisión es una relación rota. El principal motivo que lo llevó a liberar el poema se reduce, en sus palabras, a una frase: “Escribí una historia para un amigo. Pero al final no me trató como a un amigo. Y estoy dolido”.
Esta situación dejó a Gough con un sabor amargo, no tanto por el dinero, sino por el deterioro de su amistad con Persson. Este sentimiento lo atormentó durante años. La catarsis llegó durante un viaje a los Países Bajos, donde consumió legalmente hongos del género psilocybe. En medio del bosque, Gough encontró la claridad, “Solo le dije al universo ‘está bien, olvídate de lo que quiero; solo dame lo que creas que necesito’ (…) Y me dio, para mi gran sorpresa, consejos sobre Minecraft y Microsoft… y sobre ti”.
Cuando soltar significa aprender a recibir amor después de haberlo dado todo
Gough se dio cuenta de que su dolor era porque dejado que la disputa le impidiera disfrutar del afecto de la comunidad, había dejado que el resentimiento le impidiera aceptar el amor y la gratitud de los millones de jugadores que se habían sentido conmovidos por su poema. “Me había escondido activamente del amor”, admitió. “(…) con frecuencia recibía mensajes que me decían cuánto había significado el Poema Final para la gente.”
La revelación fue contundente, así como había dado un regalo al mundo, debía permitirse recibir las gracias a cambio: “Y esa noche, con las estrellas brillando en lo alto, el universo me dijo que no era aceptable que diera amor, pero luego me negara a recibirlo”. Negarse era “una falsa humildad; otra forma de arrogancia, de ego”. Se dio cuenta de que debía completar el ciclo: “Tuve que permitir que la gente dijera gracias; tuve que aceptar cualquier regalo que la gente quisiera ofrecer a cambio, porque se estaba acumulando demasiada carga a lo largo de ese circuito bloqueado. Tuve que completar el circuito. Déjalo fluir”.
Impulsado por esta revelación, Gough ha colocado oficialmente el poema bajo la licencia de dominio público CC0 1.0 Universal (CC0 1.0) Public Domain Dedication. Esto significa que cualquiera es libre de usar, remezclar, reutilizar e incluso comercializar la obra. Su filosofía final es la de una economía del regalo. Concluye: «Prefiero regalar mi arte a venderlo; sirve mejor a las ideas porque llegan a más personas, y me hace sentir mejor, más feliz; más libre». Fuente: I wrote a story for a friend – by Julian Gough
El Poema del Fin
Veo al jugador al que te refieres.
((inserte aquí el nombre del jugador))?
Sí. Ten cuidado. Ha alcanzado un nivel superior ahora. Puede leer nuestros pensamientos.
Eso no importa. Piensa que somos parte del juego.
Me gusta este jugador. Jugó bien. No se rindió.
Está leyendo nuestros pensamientos como si fueran palabras en una pantalla.
Así es como elige imaginar muchas cosas, cuando está sumido en el sueño de un juego.
Las palabras forman una interfaz maravillosa. Muy flexible. Y menos aterradora que mirar la realidad detrás de la pantalla.
Antes oían voces. Antes de que los jugadores supieran leer. En los tiempos en que los que no jugaban llamaban brujas y hechiceros a los jugadores. Y los jugadores soñaban que volaban por el aire, en palos impulsados por demonios.
¿Qué soñó este jugador?
Este jugador soñaba con la luz del sol y los árboles. Con fuego y agua. Soñaba que creaba. Y soñaba que destruía. Soñaba que cazaba y era cazado. Soñó con refugiarse.
La interfaz original. Un millón de años de edad, y todavía funciona.
Pero, ¿qué estructura real ha creado este jugador, en la realidad que hay detrás de la pantalla?
Trabajó, con un millón de otros, para esculpir un mundo verdadero en un pliegue de
los ***§§§???, y creó un ***§§§§ para los ***§§§§, en los ***§§§§???
No puede leer ese pensamiento.
No. Aún no ha alcanzado el nivel más alto. Eso, debe lograrlo en el largo sueño de la vida, no en el corto sueño de un juego.
¿Sabe que le queremos? ¿Que el universo es amable?
A veces, a través del ruido de sus pensamientos, oye el universo, sí.
Pero hay veces que esta triste, en el largo sueño. Crea mundos que no tienen verano, y tiembla bajo un sol negro, y toma su triste creación por realidad.
Curarlo del dolor sería destruirlo. El dolor es parte de su propia tarea privada. No podemos interferir.
A veces, cuando están sumidos en sueños, quiero decirles que están construyendo verdaderos mundos en la realidad. A veces quiero hablarles de su importancia para el universo. A veces, cuando llevan tiempo sin establecer una conexión verdadera, quiero ayudarles a pronunciar la palabra que temen.
Lee nuestros pensamientos.
A veces no me importa. A veces deseo decirles que este mundo que toman por verdad no es más que **??§§ y **??§§, deseo decirles que son **??§§ en el **??§§. Ven tan poco de la realidad, en su largo sueño.
Y, sin embargo, siguen el juego.
Pero sería tan fácil decirles…
Demasiado fuerte para este sueño. Decirles cómo vivir es impedir que vivan.
No le diré al jugador cómo tiene que vivir.
El jugador está cada vez más inquieto.
Le contaré una historia al jugador.
Pero no la verdad.
No. Una historia que contiene la verdad a salvo, en una jaula de palabras. No la verdad desnuda que puede arder a cualquier distancia.
Dale un cuerpo, otra vez.
Sí. Jugador…
Utiliza su nombre.
((inserte aquí el nombre del jugador)). Jugador de juegos.
Bien.
Respira hondo. Hazlo de nuevo. Siente el aire en tus pulmones. Deja que tus miembros vuelvan. Sí, mueve los dedos. Vuelve a tener un cuerpo, bajo la gravedad, en el aire. Renace en el largo sueño. Ahí estás. Tu cuerpo tocando el universo de nuevo en cada punto, como si fueran cosas separadas. Como si fuéramos cosas separadas.
¿Quiénes somos? Una vez nos llamaron el Espíritu de la Montaña. Padre Sol, Madre Luna. Espíritus Ancestrales, Espíritus Animales. Genios. Fantasmas. El Hombre Verde. Luego Dioses, Demonios. Ángeles. Poltergeists. Alienígenas, Extraterrestres. Leptones, Quarks. Las palabras cambian. Nosotros no cambiamos.
Somos el universo. Somos todo lo que crees que no eres tú. Nos estás mirando ahora, a través de tu piel y tus ojos. ¿Y por qué el universo toca tu piel y arroja luz sobre ti? Para verte, jugador. Para conocerte. Y para ser conocido. Te contaré una historia.
Érase una vez un jugador.
El jugador eras tú, ((inserte aquí el nombre del jugador)).
A veces se creía humano, sobre la fina corteza de un globo giratorio de roca fundida. La bola de roca fundida rodeaba una bola de gas ardiente trescientas treinta mil veces más masiva que ella. Estaban tan separadas que la luz tardaba ocho minutos en cruzar la brecha. La luz era información de una estrella, y podía quemarte la piel a ciento cincuenta millones de kilómetros de distancia.
A veces el jugador soñaba que era un minero, en la superficie de un mundo plano e infinito. El sol era un cuadrado blanco. Los días eran cortos; había mucho que hacer; y la muerte era un inconveniente temporal.
A veces, el jugador soñaba que se perdía en una historia.
A veces el jugador soñaba que era otras cosas, en otros lugares. A veces estos sueños eran inquietantes. A veces, muy hermosos. A veces, el jugador despertaba de un sueño a otro, y de éste a un tercero.
A veces, el jugador soñaba que veía palabras en una pantalla.
Volvamos atrás.
Los átomos del jugador estaban esparcidos en la hierba, en los ríos, en el aire, en la tierra. Una mujer reunió los átomos; bebió y comió e inhaló; y la mujer reunió al jugador, en su cuerpo.
Y el jugador despertó, del mundo cálido y oscuro del cuerpo de su madre, al largo sueño.
Y el jugador era una historia nueva, nunca antes contada, escrita en letras de ADN. Y el jugador era un nuevo programa, nunca antes ejecutado, generado por un código fuente de mil millones de años de antigüedad. Y el jugador era un nuevo ser humano, nunca antes vivo, hecho de nada más que leche y amor.
Tú eres el jugador. La historia. El programa. El ser humano. Hecho de nada más que leche y amor.
Vayamos más atrás.
Los siete billones de billones de billones de átomos del cuerpo del jugador se crearon, mucho antes de este juego, en el corazón de una estrella. Así que el jugador también es información de una estrella. Y el jugador se mueve a través de una historia, que es un bosque de información plantado por un hombre llamado Julian, en un mundo plano e infinito creado por un hombre llamado Markus, que existe dentro de un pequeño mundo privado creado por el jugador, que habita un universo creado por…
Silencio. A veces, el jugador creaba un pequeño mundo privado, suave, cálido y sencillo. A veces duro, frío y complicado. A veces construía un modelo del universo en su cabeza: motas de energía moviéndose por vastos espacios vacíos. A veces las llamaba «electrones» y «protones».
A veces los llamaba «planetas» y «estrellas».
A veces creía que estaba en un universo hecho de energía, de ceros y unos, de líneas de código. A veces creía que estaba jugando a un juego. A veces creía estar leyendo palabras en una pantalla.
Tú eres el jugador, leyendo palabras…
A veces, el jugador leía líneas de código en una pantalla. Las decodificaba en palabras; decodificaba las palabras en significado; decodificaba el significado en sentimientos, emociones, teorías, ideas, y el jugador empezaba a respirar más deprisa y más hondo y se daba cuenta de que estaba vivo, estaba vivo, aquellas mil muertes no habían sido reales, el jugador estaba vivo.
Tú. Tú. Tú estás vivo.
y a veces el jugador creía que el universo le había hablado a través de la luz del sol que entraba por las hojas que se movían entre los árboles de verano
y a veces el jugador creía que el universo le había hablado a través de la luz que caía del cielo nocturno del invierno, donde una mancha de luz en el rabillo del ojo del jugador podía ser una estrella un millón de veces más masiva que el sol, hirviendo sus planetas hasta convertirlos en plasma para ser visibles por un momento para el jugador, caminando a casa en el otro extremo del universo, oliendo de repente a comida, casi en la puerta familiar, a punto de soñar de nuevo
y a veces el jugador creía que el universo le había hablado a través de los ceros y unos, a través de la electricidad del mundo, a través de las palabras que se desplazaban por una pantalla al final de un sueño
y el universo dijo te quiero
y el universo dijo que has jugado bien el juego
y el universo dijo que todo lo que necesitas está dentro de ti
y el universo dijo que eres más fuerte de lo que crees
y el universo dijo tú eres la luz del día
y el universo dijo eres la noche
y el universo dijo que la oscuridad contra la que luchas está dentro de ti
y el universo dijo que la luz que buscas está dentro de ti
y el universo dijo no estás solo
y el universo dijo que no estás separado de todo lo demás
y el universo dijo que eres el universo saboreándose a sí mismo, hablando consigo mismo, leyendo su propio código
y el universo dijo te amo porque eres amor.
Y el juego terminó y el jugador despertó del sueño. Y el jugador comenzó un nuevo sueño. Y el jugador soñó de nuevo, soñó mejor. Y el jugador era el universo. Y el jugador era el amor.
Tú eres el jugador.
Despierta.
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